Cada vez que enciendo la chimenea se ahuma la habitación. Los recuerdos afloran por cada rincón. Todo se nubla y las sombras recorren el cuarto y desde un principio capto tu figura ¿cómo olvidarla? Junto al fuego recuerdo la calidez de tu beso, las maravillas de aquellos días, la suavidad de tu cuerpo. Y veo como de pronto el suelo se inunda, se humedece. Como mis lágrimas son imposibles de apagar aquel fuego vivo que yace en mí, día a día. Te recuerdo tanto, y aunque tape con tierra el fuego, las cenizas siempre quedarán.
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